Cada vez que puede, unas dos veces al mes, José Miguel García
(Madrid, 1962) se escapa a algún campo a jugar al golf. Es la afición
que comparte con su padre –que tiene ochenta años y le gana–, su mujer o
su hijo de diez años. También con alguno de sus 500 empleados, amigos,
colegas u otros directivos. El golf le permite hablar con otras personas
con tranquilidad, compartir, competir, y valorar asuntos profesionales
con más calma: “Con tanta reunión, tenemos poco tiempo para meditar.
Entre hoyo y hoyo da tiempo a hacerlo y discutir algún aspecto con más
profundidad. Aunque no se hacen negocios per se, te da un acercamiento
por el que puedes llegar a entenderlos o descartarlos”, admite.
El golf es la actividad con la que desconecta de unas intensas jornadas
de trabajo, que se extienden a menudo desde las ocho de la mañana hasta
las diez de la noche. Esa capacidad de esfuerzo, que a veces le lleva
incluso a quedarse sin comer, y la colaboración de su equipo, es lo que
ha llevado a Jazztel a unas cifras envidiables, teniendo en cuenta cómo
está la situación de la economía. En 2011, la compañía facturó 753
millones de euros, un 23% más que el año anterior, y ganó 50 millones de
euros, siete veces más que en 2010. Con el tono amable que le
caracteriza, nos explica las claves de esta buena trayectoria.
–¿Cómo ha conseguido situar a su compañía en una posición tan buena?
–Hay que formar buenos equipos, facilitar que aporten sus ideas y
valorarlas. Hay que animar a que la gente sume. Lo importante son las
aportaciones, y el ejecutivo ha de tener la habilidad de recogerlas.
Tener muy claro el foco: qué queremos conseguir. Trabajar con pasión. Y
celebrar los logros. Trabajar mucho sin saber celebrarlo no es sano.
–¿Algún ejemplo de esta filosofía tan interesante?
–Nuestro plan millón. Conseguir el millón de clientes era muy importante
para nosotros. Pusimos todo el foco en ese objetivo e involucramos a
los empleados, clientes y proveedores. Lograrlo se tradujo en premios en
la remuneración, stock options, viajes… Hay que reconocer el trabajo e
incentivarlo. Que el esfuerzo que pongas tenga algún beneficio.
–¿Es ésta una seña de identidad de su empresa?
–Sí, pero no solo es eso. La cultura empresarial es un terreno que nos
distingue, pero también hemos innovado en ventas, márketing, tecnología,
financiación, la gestión del consejo… Hemos roto fronteras. Nos hemos
convertido en un caso de estudio a nivel internacional.
Este hijo de emigrantes reconoce cometer errores todos los días, pero
no puede disimular su satisfacción por la marcha de Jazztel. Lo
considera el reto más importante de su vida profesional, que ya va
siendo larga, y que se ha desarrollado, sobre todo, en el exterior.
García vivió desde los 10 años en Melbourne, Australia. Allí emigraron
sus padres a finales de los 60. Volaron en el primer avión que recorrió
el trayecto de Madrid a la ciudad australiana –hasta entonces se viajaba
en barco–. Años más tarde, tras licenciarse como ingeniero de
telecomunicaciones, empezó a trabajar en una consultora. Hasta su
incorporación a Jazztel, el grueso de su carrera lo pasó en Cable &
Wireless. Allí desempeñó cargos como consejero delegado para España y
Portugal, vicepresidente ejecutivo en Europa, consejero delegado en
Panamá y director general en Reino Unido e Irlanda. Entre las tareas más
importantes que le tocó realizar estuvo la compra del operador
incumbente en Panamá. En poco tiempo tuvo que convertir una empresa con
cultura de monopolio en una compañía que competía con otras. Tuvo
impacto en el país.
Esta experiencia en el exterior, conocer diversas culturas, su capacidad
de adaptación, le ha ayudado a lidiar con los dos grandes retos que se
encontró al llegar a Jazztel en 2007: zanjar las diferencias con
Telefónica y refinanciar la deuda.
–¿No le agota tanto cambio?
–Los he buscado yo. Me he adaptado bien a los cambios y a las
transformaciones. Cuando no te va mal en la carrera y en la vida, los
buscas. Te encuentras cómodo. El hombre busca dónde puede ser más
efectivo.
–Usted se fue al extranjero cuando era joven. Es algo que muchos jóvenes
pueden plantearse hoy en día, debido a las pocas posibilidades de
encontrar empleo. ¿Lo recomienda?
–Absolutamente. No hay que tener miedo a irse un año, cinco años o más, y
volver. Lo que hay que ver es cómo incentivar el retorno. Otros países
lo han trabajado mucho. Además, los españoles somos muy buenos
embajadores. Incluso al que no le gustan los toros, fuera es capaz de
venderlos. Te haces más español cuando estás fuera. Hay un tono más
positivo. Aquí hay un tono más negativo. El contacto con otras personas,
culturas y climas te da unas herramientas de personalidad que luego
utilizas. Además, ahora hay muchos más medios. Nosotros no sabíamos
adónde íbamos: ni la temperatura del país, ni se había volado entonces…
García está tan contento de su experiencia fuera de España que ha
orientado a varios arquitectos para aterrizar en Australia y, por
cierto, les va bastante bien. Una de las experiencias australianas que
recuerda con más cariño es un máster en comunicaciones digitales que
realizó al concluir la carrera. Allí tuvo un profesor divertido que le
enseñó una de las lecciones que más ha aplicado: las ideas no valen más
que el papel en el que están escritas. Lo importante es la ejecución.
“Habré repetido esa frase más de 1.000 veces a lo largo de mi
trayectoria”, admite García. Con esta filosofía pragmática, este
profesor invitaba a sus alumnos a realizar ideas de todo tipo. Unas eran
ingenuas, como vender globos para niños. Otras, más viables: un sistema
de alquiler de plazas de garaje para estudiantes universitarios de 9 a
17 horas, mientras sus dueños estaban trabajando.
–¿Tanto aprendió de aquella experiencia?
–Aquel profesor me despertó. Entonces tenía 22 años. Éramos jóvenes.
Quedó patente que lo difícil es ejecutar las ideas, y que hay que
contarlas a todo el mundo.
–Eso es lo que hacen en Silicon Valley, donde usted invirtió en algunas
start-ups. ¿Qué recuerdo tiene de su experiencia emprendedora?
–Unas iniciativas salieron bien, como Arrowpoint o Netscreens, en las
que participé; en otras sufrí la burbuja dot.com. En una de ellas estuvo
a punto de participar Steve Jobs, a quien pude saludar.
–¿Por qué no se desarrolla más en nuestro país el espíritu emprendedor?
–En España hay mucha más creatividad y pasión empresarial que en EEUU.
La diferencia está en que allí hay un ecosistema que identifica el
talento, lo financia y pone un CEO al lado del chaval de 23 años que
tiene la idea para ayudarle a desarrollarla. Aquí, ¿dónde va un chico de
22 años? ¿A la comunidad? ¿Al Ministerio?
–Y usted que ha viajado tanto, ¿qué piensa que puede ofrecer España?
–Tenemos muchas cosas positivas: la calidad de vida en su conjunto; la
geografía: somos un país muy bien conectado. Eso es muy positivo para
los negocios. En el turismo se puede crecer más. Hay mucho campo para la
venta y el márketing. Hay mucho por hacer. Hay que valorar dónde eres
fuerte y venderlo. Y el tema del emprendedor en España es un asunto
pendiente. El emprendedor, por naturaleza, no ve frenos. Pero, si le
quitamos obstáculos, llegará antes. Tengo la sensación de que no se
potencia. Hay que hacerle las cosas más fáciles.
Teniendo en cuenta esta mentalidad emprendedora, no es de extrañar
que José Miguel García se encuentre en Jazztel como pez en el agua. En
otras empresas podría costar impulsar esa mentalidad, pero aquí es todo
lo contrario. Su presidente, Leopoldo Fernández Pujals, le empuja a
pensar constantemente en el crecimiento, a poner en marcha nuevos
negocios e iniciativas. Y él responde trabajando duro, como hacía en sus
inicios en la consultora. “Teníamos una nevera con una contraseña en la
que había barras energéticas. Hasta una hora determinada no podíamos
abrirla”, recuerda. Y buscando ideas de todos los sitios, porque él
reconoce que aprende de todos: familiares, empleados, colegas… También
de los libros, que han de estar estrictamente relacionados con el
negocio o la actividad que lleva entre manos.
–¿Saca mucho partido a los libros?
–Suelo tener tres o cuatro libros abiertos. Picoteo. Busco capítulos que
aporten a mi empresa o a la actividad que voy a desarrollar con mi
familia. Tengo mi casa llena de libros de tendencias. Es muy importante
para los proyectos en los que estoy implicado. Pero no siempre me
sirven. Hace poco leí un libro sobre “go to market” y no aprendí nada.
–¿Cómo se compatibiliza esa actividad tan intensa con la familia?
–El fin de semana desconecto. No vale desgastarse el 100% con el
trabajo. La actividad con la familia tiene que ser tan intensa como la
laboral, muy viva. Una barbacoa, por ejemplo, ha de ser diferente. Ha de
salirse de la rutina. Todo el mundo tiene que colaborar, participar…
Para José Miguel García, la familia es como los empleados: un equipo.
Tiene sus objetivos, su plan de trabajo, sus celebraciones… “Tengo más
retos, pasión e ilusiones en la familia que en el trabajo”, afirma. Y
como en su empresa, también escucha a sus componentes, antes de tomar
una decisión. Como cuando tuvo que trasladar su trabajo de Panamá a
Londres. Como implicaba la posibilidad de separarse un tiempo, lo
comunicó a su familia y todos los miembros votaron si se iban todos o
solo el padre. Su hijo pequeño no quería irse, pero los demás sí. Se
impuso la mayoría, pero García escuchó. Quizá esa sea la clave para
llevar a tu equipo a buen puerto.
http://www.capital.es/2012/10/17/jose-miguel-garcia-consejero-delegado-de-jazztel-en-espana-hay-mas-creatividad-y-pasion-empresarial-que-en-eeuu/
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